Mañana

7 Sep 2022 | Cartas con amor de madre

Después de un descanso no planeado de estas cartas durante los meses de verano, vuelvo a retomar mi escritura mensual. La verdad es que estos meses me ha resultado especialmente difícil el buscar ratos de trabajo, que al final he acabado concentrado en pocos días de mucha acción. Anyway, parece que la normalidad se aproxima y no quería faltar este primer miércoles del mes.

Digo normalidad, pero nada más lejos de la realidad. Mañana, por primera vez en 7 años, la casa estará vacía, y yo sola. Mañana empieza el colegio mi hijo pequeño, y cómo no, recibo el cambio como un respiro y al mismo tiempo con nostalgia de estos años pasados.

Estos 7 años me han traído un gran cambio personal, pero también un abanico de sentimientos difíciles de reconciliar. Desear estar sola, y al mismo tiempo no querer separarte de ellos, amor, frustración, plenitud, vacío. Esta mezcla ha sido la que ha conducido mi maternidad, me ha llevado a hacerlo a veces mejor, y a veces peor, pero siempre intentando mantener los pilares que yo considero básicos: amor, respeto y un espacio seguro para que puedan ser (y crecer) tal como son.

Estos años han sido duros para mí, no te voy a engañar. Pasar de trabajar para una gran organización internacional como es el British Council, a quedarme en casa cuidando de mis hijos, fue un cambio para el cual yo no estaba preparada ni me imagina la repercusión que tendría en mí. En muchos momentos me ha invadido la sensación de inutilidad que la sociedad echa sobre las madres que ¨sólo¨ crían, y esto ha tenido un gran efecto sobre la confianza en mi misma, y no necesariamente para bien.

Pero no todo han sido sombras en estos años. En realidad, mi hijo mayor me trajo una gran liberación que inconscientemente buscaba hace años. Me dio el permiso de dedicarme al arte, que al final, es lo único que me gusta y sé hacer.

Todo esto para decirte que, a pesar de la nostalgia que ya tengo por qué mi pequeño entre en la rueda de la escolarización, también estoy deseando cuidar y criar un poco mejor a esta empresita mía que ha ido creciendo a trompicones estos años. Sin querer que el tiempo pasase aún más rápido, he deseado el poder dedicarle tiempo para que crezca y florezca en todo su potencial. Y ese potencial, no nos engañemos, es el mío. Ahora es el momento de desarrollar a esa liberación que espera pacientemente desde hace años.

Gracias por leer, amiga.

Pilar

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